martes, 8 de julio de 2014

De "Diálogos místicos"

El discípulo dijo a su maestro:- Señor, ¿cómo puedo alcanzar la vida suprasensible, de modo que pueda ver a Dios, y le pueda oír hablar?

El maestro respondió y dijo:- Hijo mío, cuando puedas arrojarte a AQUELLO en donde no mora criatura alguna, aunque no fuera más que por un instante, entonces escucharás lo que Dios habla.

Discípulo. -¿Está ello allá donde no hay criatura alguna que habite en las proximidades; o se encuentra lejos?

Maestro. -Se encuentra en ti. Y si por un momento, hijo mío, pudieras cesar de todo tu pensamiento y voluntad escucharías las impronunciables palabras de Dios.

Discípulo: -¿Cómo puedo oírle hablar cuando detengo mis pensamientos y mi voluntad?

Maestro: -Cuando detengas el pensamiento de ti mismo, y la voluntad de ti mismo; "cuando tanto tu intelecto como tu voluntad estén en calma, y pasivos frente a las impresiones de la Palabra y del Espíritu Eternos; y cuando tu alma vuele por encima de lo temporal, de los sentidos externos, y tu imaginación sea aprisionada por la abstracción santa", entonces la escucha, la visión y el habla eternas se revelarán dentro de ti. Entonces Dios escucha "y ve a través de ti”, pues eres ahora un órgano de su espíritu. Y Dios habla entonces de ti, y
susurra a tu espíritu y tu espíritu escucha su voz. Bendito seas por tanto si puedes detener tus pensamientos y tu voluntad, y puedes detener la rueda de tu imaginación y de tus sentidos; pues gracias a esto podrás finalmente llegar a ver la gran salvación de Dios, habiéndote vuelto capaz de toda clase de sensaciones divinas y comunicaciones celestiales. Pues no son sino tu propia escucha y tu propia voluntad quienes obstaculizan, de modo que te impiden ver y oír a Dios.

Discípulo: -Pero, ¿dónde escucharé y veré a Dios, siendo así que él se halla por encima de la Naturaleza y de la criatura?

Maestro: -Hijo mío, cuando estás en calma y silencioso, entonces eres como era Dios antes de la Naturaleza y de la criatura; eres aquello que Dios fue. Eres aquello a partir de lo cual Dios hizo tu naturaleza y criatura. Entonces escuchas, y ves con aquello con lo que Dios vio y escuchó en ti antes incluso de que tu propia voluntad o tu propia vista comenzaran.

Jakob Boehme